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Cataluña

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Enoturismo con denominación

Tres centenares de bodegas se encuentran salpicadas en un territorio diverso y embriagador. Su nombre es Cataluña, en donde se vive la modernidad sin despreciar las más arraigadas tradiciones que la han dibujado a lo largo de la historia. Dentro de todo lo que la forma hay un modo de ser vinculado al vino, orgulloso y aventurero en su intento de conquistar todos los mercados. Pensando en una de sus joyas milenarias, los caldos que produce satisfacen a todos los gustos por variedad y a todos los paladares por calidad.

Pero es que Cataluña es de viticultura, por supuesto, y de turismo, sin duda, y de las dos cosas juntas, o sea, de enoturismo, dispone de una oferta amplísima en las cuatro provincias que la componen. Catar sus vinos lejos de su origen no es lo mismo que hacerlo en el mismo lugar en el que se producen, entre sus paisajes, con su arquitectura dándonos cobijo y con sus viñas alrededor hablándonos de los secretos de una maduración de uva y caldo que ha pasado por decenas y decenas de generaciones. Responsables siempre con el medio, la conservación del ecosistema y el respeto a la naturaleza son máximas innegociables.

Hay once denominaciones de origen en Cataluña además de la de Cava con sus reconocidos espumosos con capital en Sant Sadurní d’Anoia. Las demás son fiel reflejo del territorio, del sol, del Mediterráneo, del interior, de la tierra, del paisaje y de sus gentes, que son las que al final ponen el alma en el producto. El Priorat sigue aumentando en popularidad y abanderando la singularidad de la pizarra en su sabor, además de poniendo en práctica un modo muy atractivo de mostrarse al visitante. Bicicleta eléctrica para el recorrido y picnic al finalizar son buena muestra de ello.

Otros vinos de interior son los de Costers del Segre, donde los viñedos crecen a orillas del río Segre y el vino fermenta en cubetas de piedra del siglo XII. Una más es la denominación es la de Conca de Barberà, siendo recomendable probar sus rosados hechos con trepat. Siguiendo con las distintas rutas, la DO Pla de Bages elabora unos vinos muy frescos producidos al lado de la montaña de Montserrat. Parada recomendable es también la de Terra Alta, un lugar de vinos blancos procedentes de valles de difícil acceso. Son rincones de interior para tirar de unas peculiaridades distintas a las de la costa.

Lo recomendable es pasar todo el tiempo oportuno para darle cabida a todas las denominaciones, pasando de dentro hacia afuera o a la inversa. Al lado del mar está la DO Alella, la más pequeña con sus seis bodegas. Y de al lado de Barcelona se puede ir más al norte hacia la de L’Empordà, en la Costa Brava, con blancos y tintos pero con un enorme destacado sobre sus dulces, o al sur, buscando la DO Tarragona y sus vinos de licor como la mistela, el moscatel o el vino rancio, o la de Montsant. También es posible quedarse cerca de Barcelona y visitar el Penedès con su típica xarel·lo. A todo esto, Catalunya es también una Denominación.

Se proponen experiencias que van más allá de lo meramente establecido. La llamada Ruta de las Catedrales del vino es de bodegas en espectaculares construcciones arquitectónicas, y de añadido, la Ruta de los Olivos Milenarios. El Priorat es un territorio de geografía abrupta de pendientes, y la bodega modernista agrícola Falset Marçà (D.O. Montsant), fue construida por César Martinell, un discípulo de Antoni Gaudí, e ingresada en las catedrales del vino, y la Cartuja de Escaladei, que fue la primera cartuja que se edificó en la península, en el siglo XII, son dos de sus visitas obligadas. Hay que probar el vino kosher o vino judío y hacer 11 kilómetros a pie de ruta entre viñedos.

No cabe olvidar el viaje enológico por las tierras de Lleida, en concreto de la Denominación de Origen Costers del Segre, tierras cálidas, clima mediterráneo de aire continental y las siete subzonas de producción: el Segrià, Raimat, Artesa de Segre, l’Urgell, el Pallars Jussà, las Valls de Riucorb y las Garrigues. Allí todo es armonía con el entorno, autoabastecidos con una explotación agrícola sostenible propia que alimenta a sus propios animales y que realiza aceite. La tercera ruta es la de los vinos entre el Mediterráneo y el Pirineo, o lo que es lo mismo, la D.O. Empordà con sus paisajes de viñedos entre el mar y la montaña.

Está claro que los vinos se acompañan de ricos platos de una altura culinaria sin igual. Se puede hacer una excursión guiada con burricleta, bicicleta rural eléctrica con serones como los de los burros, por los parques naturales del Alt Empordà. En las opciones ofrecidas al visitante están las visitas teatralizadas con actores que explican el proceso de elaboración del vino y que hacen partícipes a los visitantes. Por último, se recomienda también en origen la Denominación Penedès, que es además la de mayor producción de Cataluña. Pocas zonas tienen sitios tan definidos por su importancia como ésta, y son Vilafranca del Penedès y Sant Sadurní de Anoia.

La primera, pura arquitectura gótica y modernista, la segunda, las marcas de la Navidad de toda la vida, Codorníu y hasta algo tan íntimo como es una poda de viñedos. Los niños tienen cabida en sus actividades, y los deportistas, con BTT y segway por los viñedos, y los que buscan desconectar pisando descalzos la tierra en una terraza chill-out. Curioso, la oveja podadora, o ser padrino de una cepa de la Bodega Devinssi. Mil sorpresas aguardan a quien quiera dejarse llevar por sensaciones y descubrimientos seductores, por gentes hospitalarias encantadas de abrir sus puertas a los visitantes para enseñar todo lo que son.

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