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Buenos Aires, la elegida

La capital de Argentina siente en sus rincones la responsabilidad de serlo. No es únicamente contar con los centros de poder, sino vivir la preocupación del bienestar de todo un país tan vasto como el albiceleste. Realmente se respira nostalgia, se encarna letra de tango, se multiplican las pasiones y siempre queda el recuerdo. Historia y mil lugares que visitar hacen de la estancia en esta ciudad, posiblemente la más cosmopolita de toda Sudamérica, un sumergirse en el Río de la Plata, dulce y salado. Millones de personas pero facilidad para sentirse solo, en el buen sentido de la expresión, en el sentido de reencontrarse con uno mismo, es uno de sus principales regalos al visitante que busca tener mucho más que lugares precisos por ver y gentes maravillosas a las que conocer.

Los principales lugares turísticos de Buenos Aires se pueden resumir si se quiere en la Casa Rosada, la histórica Plaza de Mayo, el Obelisco y los barrios San Telmo y La Boca, pero sin duda es quedarse muy corto. De hecho, únicamente mirando esos núcleos la variedad es incomparable, con el estadio de fútbol La Bombonera y Caminito, calle turística provocadora y repleta de artesanías, o bailarines y grupos de tango en la mayoría de los espacios públicos. Es un modo de llevar clavado el sentimiento hasta que duela, el modo único en el mundo bonaerense. No es solo Carlos Gardel, sino todo un plantel de personas con talento que han venido reviviendo mil veces a una ciudad que necesita del latido, como harán los siguientes planteles de creadores en las más diversas disciplinas.

Cafés parisienses en los que completar todo un circuito literario, ello asomado a lo porteño en medio de series y series de edificios dispares y cada uno bello a su estilo, desde lo colonial hasta lo modernista. Fútbol y tango, pasiones locales, como el churrasco, la carne a la parrilla o el vino de la propia sangre, todo ello relativo a la entrega gastronómica. Cultura gaucha, salones de baile, psicoanálisis y profundidad, nada de superficialidad. Se es a la par sensible y dramático por un lado y vertiginoso y palpitante por otro, como se ve en la histórica Plaza de Mayo y sus alrededores -Casa de Gobierno, la Catedral Metropolitana, el Cabildo-, o la Avenida de Mayo -Casa de la Cultura, Café Tortoni, Edificio Barolo y Congreso de la Nación-, y la Avenida Corrientes -grandes teatros y espectáculos, librerías y bares prestigiosos-.

La Casa Rosada es el lugar de las oficinas presidenciales de la Argentina cuya construcción comenzó en 1862 en el lugar del fortín de Buenos Aires y poco después, se pintó de color rosa. Es recomendable también el Zanjón de Granados, uno de los lugares más sorprendentes hallado debajo de los restos de una mansión y compuesto por una serie de túneles, alcantarillas y pozos de agua viejos del año 1730. Y qué decir de un sitio tan acorde al sentimiento de la ciudad como es el Cementerio de la Recoleta, que es digno de una visita de horas, ordenado en calles alineadas con estatuas y sarcófagos de mármol imponentes y en cuyas criptas se guardan los restos de la elite de la ciudad, como la tumba de Evita. Si se prefiere, también hay que invertir tiempo en el Museo Nacional de Bellas Artes con obras de Renoir, Monet, Gauguin, Cézanne y Picasso, junto con muchos artistas argentinos clásicos.

Se puede seguir la vista por la Plaza Dorrego, una de las más antiguas y al mismo tiempo vibrante y colonial, en la que los artesanos ofrecen joyas de plata y cinturones de cuero. En esa línea, no se puede dejar en el olvido la Feria de Mataderos, en su caso alejada del centro en la distancia pero cerca del corazón por la recuperación tradicional que supone ver a los jóvenes vestidos para realizar los bailes folclóricos, así como a los gauchos a caballo en competencia ancestral, o la comida de campo con todo el sabor de La Pampa. Además, en Buenos Aires también hay Barrio Chino, con su Año Nuevo Chino, por supuesto, ocupando una porción mínima de la ciudad repartida en varias manzanas en Belgrano. Por último, La Costanera Sur es otro lugar con encanto, hecho de la historia popular en los primeros años del siglo pasado por los baños en el Río de la Plata.

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